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Resaca electoral: Firgas era una fiesta

Cada cuatro años la campaña electoral firguense nos regala un período donde la hipercartelización de los espacios públicos sólo rivaliza con discursos que apelan a la romántica idea de una Firgas que aspira a ser un municipio de referencia en Gran Canaria y no carne de meme. Lxs aspirantes, liberados de su carga laboral durante dos semanas, se visten de gente común y se entregan a la caza del voto de ese ciudadano medio a quien desean escuchar y convencer para que les otorgue su confianza. Hay reparto de panfletos, coches con megáfono que escupen himnos y eslóganes, frases manidas (“yo vengo a trabajar, no a prometer”), promesas eternas que parecen mantras (“auditorio-piscina-centrodemayores-guardería”) y mítines con brindis y sin ellos. Se respira un aire festivo a pesar de la desconfianza y el desconcierto que este jolgorio de la democracia despierta en una población reducida  por completo al papel de espectador.

Sin embargo, desde la mañana siguiente a que un 70,1% de lxs firguenses con derecho a voto introdujera su voluntad en una urna, en Asamblea tenemos la sensación de que comienza una intensa y pesada resaca que durará hasta 2023. No sólo porque una semana después algunos partidos no hayan retirado una cantidad de carteles que roza el atentado ecológico, sino porque entendemos que la capacidad de decisión sobre los asuntos públicos que tiene la población quedó reducida a un efímero día, sacrificada el resto de la legislatura a la voluntad arbitraria de 13 concejales.

Ante esto es conveniente señalar no sólo que el partido con más concejales (Comfir-NC: 5) haya obtenido menos de un cuarto de los votos, y que casi un 30% del electorado no haya ido a votar. Además de eso, nos gustaría subrayar la relevancia del clientelismo, un fenómeno crucial para entender por qué algunas personas incompetentes y ávidas de poder obtienen un acta de concejal a cambio de prometer trabajo o ayudas a familias empobrecidas. El voto no es libre si el puesto de trabajo o el plato en la mesa dependen de que un candidato toque poder, y más en un municipio con desempleo crónico y una alarmante (y ampliamente silenciada en campaña) desigualdad.

Concluimos, por lo tanto, que los partidos carecen de legitimidad numérica (y en algunos casos moral) para tomar decisiones en nombre de todas y todos. Por eso mismo creemos que es indispensable proponer un modelo de municipio radicalmente distinto: que asegure el pan, techo y vestido para toda la población para que no dependamos de la caridad;  en el que la información sea un derecho y no se voten macroproyectos a nuestras espaldas; en el que la participación no signifique que nos permiten hablar en los plenos y sí que podamos decidir cuáles son las prioridades del municipio y en qué se gastan los recursos comunes; en el que se fomente una cultura popular que difunda el pensamiento crítico; en el que las fiestas no sean una oportunidad para que los concejales se “luzcan”.

En definitiva, el modelo de municipio que defendemos está muy lejos de la Firgas gobernada por (como mínimo) 7 personas. Por ello, continuaremos fiscalizando el trabajo de nuestrxs “representantes”, generando redes de solidaridad entre las personas más vulnerables del municipio y disputando espacios de participación hasta que la gestión de los recursos obedezca a las necesidades de la mayoría.

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