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De por qué no hay transparencia y participación en Firgas

La presente legislatura en Firgas se inauguró hace casi dos años con una concejalía de participación ciudadana. Durante las pasadas elecciones, la presión de los colectivos ciudadanos y la coyuntura sociopolítica había obligado a los partidos a incluir en sus programas promesas de participación y transparencia. Sin embargo, ya en el ecuador de la legislatura, es obvio que nuestra participación en la gestión municipal es inexistente y las políticas del grupo de gobierno son igual de opacas que siempre.

Podría pensarse que las y los políticos de este municipio están poco acostumbrados a dar a conocer las decisiones que pretenden aprobar y, mucho menos, a someterlas a consulta de aquellos a quienes pretenden representar. Sin embargo, creemos que poseen un interés manifiesto en perpetuar las malas prácticas, las políticas oscuras y las decisiones unilaterales que apelan a una mayoría que muchas veces ignora lo que se aprueba en su nombre.

Para explicar esta teoría debemos distinguir primero entre los intereses de los partidos grandes y los partidos pequeños, ya que entendemos que están en situaciones distintas:

En primer lugar, Coalición Canaria y Comfir, los dos partidos que en los últimos años se han erigido como principales fuerzas políticas del municipio, buscan consolidar su predominancia en el pleno al tiempo que minan el poder del contrario. Para ello, cuando están en el gobierno, aprovechan sus contactos de partido en administraciones superiores para acometer proyectos que defiendan los intereses de los grupos de poder municipales y refuercen su imagen ante votantes y cargos superiores de su partido con la esperanza de mejor rendimiento electoral y ascenso personal en el partido.

Esta estrategia choca frontalmente con los intereses de la mayoría de firguenses, quienes sufren las consecuencias de décadas de gestión nefasta que ha endeudado al municipio hasta las cejas. Los vistosos proyectos que proponen los grandes partidos (como la III fase de la circunvalación de CC o el auditorio de Comfir) no solucionan las alarmantes carencias de un municipio con un desempleo crónico, infraestructuras y servicios básicos deficientes y unos servicios sociales precarios. Mientras estos dos partidos buscan proyectos llamativos que oculten su nefasta gestión, la mayoría sufre con las consecuencias de que los gobernantes pongan los recursos comunes al servicio de su interés personal y el de sus partidos.

Por otro lado, en el caso de los partidos pequeños cabe hacer una diferencia entre aquellos que sustentan a CC en el grupo de gobierno y los que están en la oposición:

En el caso de los primeros, PSOE y AVF, es notable el apoyo incondicional que como socios de gobierno han brindado al alcalde. Aunque éste a veces roce lo irracional, lo cierto es que un gobierno sin fisuras ha logrado desterrar los rumores de inestabilidad y mociones, y les ha consolidado como socios leales de gobierno, algo que en Firgas no es muy común. Además de esto, si bien el exceso de personalismo de Manuel Báez los eclipsa en los pocos aciertos de este gobierno, también les permite pasar desapercibidos en las polémicas, ya que el alcalde las absorbe por completo en su persona.

Esto les permite adoptar una estrategia de nadar y guardar la ropa: mientras la larga sombra de Báez les protege de escándalos indeseados, pueden sacar pecho como gestores y aliados de gobierno para así partir en mejor posición en las próximas elecciones. Sin embargo, mientras el PSOE puede presumir de una celosa militancia que siempre le asegura un concejal, AVF es un partido nuevo, sin base social, cuya peligrosa alianza con CC puede desterrarle a la irrelevancia política.

Apoyar a CC sin quemarse demasiado implica que la gestión transparente es un problema para estos partidos, ya que podría dejar en evidencia su colaboracionismo en los desmanes cometidos por el grupo de gobierno. Por otra parte, la participación supone para ellos un escollo incluso mayor, ya que permitir que la mayoría gestione los recursos comunes puede evitar que se acometan aquellos proyectos necesarios para defender su gestión ante sus votantes potenciales.

Mención aparte merece el PP, que hiberna hasta las próximas elecciones tras el varapalo que sufrió la candidata y antigua alcaldesa Paola Hernández. Quizá conscientes de su fuerza social en el municipio, confían en recuperar a los votantes descontentos de 2015. En el gobierno se mostraron reacios a cualquier intento de participación y ahora en la oposición no han demostrado interés alguno.

Por último, IcFir, quizá el partido que ha apostado por la transparencia y la participación ciudadana de forma más decidida, aún no ha encontrado la forma de compensar con apoyo popular el escaso poder que tiene en la oposición. Esta batalla será crucial no sólo para reforzar su figura como oposición, sino para su propia supervivencia política.

En definitiva, parece claro que los intereses de los partidos políticos del municipio son contrarios a la transparencia y la autogestión vecinal. Como mucho, los partidos crean concejalías de participación fantasma o nos venden un reglamento de participación ciudadana como un hito de la democracia, cuando lo cierto es que sólo nos permite intervenir con el acta cerrada y el pleno acabado.

Los partidos apuntalan su dominio del poder político del municipio sobre estas prácticas oscuras y oligárquicas. Al uso opaco y aprovechado de los recursos públicos para mantenerse en el poder hay que añadir la red clientelar de votantes en situación precaria que se ven obligadas a elegir al candidato que les ha prometido empleo o confort para su familia porque entienden que es la única forma de mejorar su situación.

Mientras parte de la población continúe dependiendo de favores políticos para mejorar su situación; mientras los partidos usen los recursos de todas y todos en beneficio personal y partidista; mientras la gestión de estos recursos no esté en poder de todas y todos; mientras esto continúe así, no podremos hablar de democracia en nuestro municipio.

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